3.01.2017

DELcUeLLo

préstamelo. unos minutos quedos. zumban los abejorros y las flores tiemblan. estamos llegando apenas, al final, y las cortinas se menean astutas. cae el polvo y la humedad crece. son gruesas las paredes y los pasos retumban. son de otros, pasos de otros que nos habitan hoy. préstamelo. en segundos el tiempo se deshoja solo y nos hace otros. mucha gente en el gentío y la playa brilla en la distancia. otra época, mentiras tenues. préstamelo como si fuera mío. que me sostenga. las mujeres caminan en la arena espolvoreadas de cenizas. si supieran que todos los muertos, todos, fertilizan el océano que hoy es verde yerba, hermoso. préstamelo. que me sostenga. el cuello. sano y joven. para ver todo esto que te cuento, despacio. el cuello y la cabeza encima, entera. préstamelo. lo dejé colgado en uno de los roperos rodantes que deambulan por esta casa frente al mar. que no es mía ni tuya ni de nadie. es, existe, repercute. una casa en la cima del mondo y la spiaggia, sabbia, le donne. esta casa que apenas empieza a ser crematorio de donde vuelan cenizas. por las ventanas escapan en forma de polvillo. y en los ojos de todos, todos, se deposita, molesto. y mientras, préstamelo, insiste la cabeza que flota y gira, en busca de. apoyo del cuello. nada peor que una cabeza suelta, girando frente al mar. cabeza que flota colgada de un perchero dentro de un ropero abierto, como un escenario. y dentro las cenizas, la arena, las mujeres. y la cabeza lo repite: préstamelo, pronto. el cuello.  © om ulloa foto: Paul Outerbridge 

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